PSICOANÁLISIS DEL ABOGADO

LA CORRUPCIÓN Y EL SENTIMIENTO DE CULPA EN UNA PROFESIÓN INGRATA

El derecho es una de las profesiones más ingratas. Ganes o pierdas un juicio, siempre existirá un desagrado, una insatisfacción un dolor psíquico. Los psicoterapeutas psicoanalíticos bien sabemos, que el sentimiento de culpa siempre ronda la mente del abogado. Si su patrocinado pierde la demanda y en el peor de los casos, es recluido en un penal o sentenciado a la pena capital, la culpa se convierte en persecutoria, invasiva, desgarradora destructiva en el tiempo, dejándole poco espacio al abogado, para lograr, aunque sea, un mínimo de equilibrio emocional, una salud mental.

Si el abogado ‘gana’ el caso, muy en su interior y por lo general, de manera inconsciente, y sin que se dé cuenta, sentirá pena, tristeza por el otro y lo que es peor, el abogado no podrá expresarla. Sería un signo de debilidad, de flaqueza, de ‘aguafiestas’ en un contexto donde todos celebran el ‘triunfo’ el ‘éxito’. La justicia, muchas veces acompañada por la corrupción y el dinero, se impuso, “es un logro de la verdad”, así dicen muchos abogados, aunque ni ellos mismos se lo crean.

CULPA PERSECUTORIA VS. CULPA DEPRESIVA

Es muy cierto que el psiquiatra, al tomar poses y gestos del comportamiento disfuncional (léase locura), también pertenece a la psiquiatría; de forma similar, el abogado, también pertenece al conflicto, a la confrontación y al enfrentamiento. Y si defiende la corrupción municipal, él también inconscientemente, forma parte de ésta como corrupto o corruptor. Situación que genera que ciertos abogados se vean invadidos y desbordados por una suerte de culpa no persecutoria, pero sí depresiva. Muy encubierta en muchos casos y que origina, para lograr la anhelada homeostasis o el equilibrio psíquico, algunos complejos e indescifrables, a la razón, mecanismos de defensa que hacen a muchos abogados tener una personalidad digna de comentario, con graves consecuencias a nivel del vínculo familiar y de pareja.

Como primera situación, el abogado inconscientemente hereda el título de ‘doctor’. Así le gusta que lo llamen por lo general, su decaída autoestima lo urge. La mayoría de ellos no tienen estudios de maestría, ni menos aún de doctorado, pero ya se exigen e imponen inconscientemente, tener poses de ‘doctor’ ante los otros, ante la sociedad. Un reconocimiento que necesita, que lo protege de sus fantasmas internos.

Segunda situación, pero más corrosiva que la anterior: La mayoría de abogados sólo saben de leyes, pero casi nada de Derecho. Ellos están profundamente convencidos que todo está permitido en tanto sea legal. Devoran códigos, normas, dispositivos legales, reglamentos y leyes que los enfrentan con su conciencia, con sus principios, valores y con lo más profundo de sus convicciones. No se dan cuenta o intentan desconocer, tratando en vano de engañarse a sí mismos, que no todo lo legal es moral, fuente de valores y éticamente válido.

Así algunos abogados llegan a convertirse en defensores de corruptos alcaldes, en defender lo indefendible, en buscarle la ‘salida’ a la ley, en sacarle la vuelta a la norma. Para ellos, lo que no prohíbe la ley, es válido. Son abogados de tan escaso nivel ético y moral, que se hacen llamar, ‘expertos’, ‘especialistas’ o ‘especializados’ en municipalidades. Son los abogados ‘municipalistas’, algunos muy bien dirían, abogados ‘alcaldistas’.

SABER LEYES NO ES SABER DERECHO

Algunos señalan y se ufanan, que son ‘doctores’ que tienen gran número de libros escritos, pero que en realidad, son meras transcripciones de normas legales, acompañadas de esqueléticas interpretaciones y anoréxicos comentarios. Su autoestima no sólo los lleva a estar enternados y con el saco bien cerrado, inclusive cuando se sientan en un vehículo, algunos adquieren poses de solemnidad e ímpetu de superioridad, con lo cual sólo consiguen delatar su tremenda inseguridad, su pobre nivel de amor propio, su escasa autoimagen.

Como tercera situación a destacar, en estos abogados prima el interés económico sobre cualquier otra cosa, poco realmente les interesa la familia y menos aún los valores. Ni hablar de la ética. Aunque la pregonan, nunca la practican. Están simplemente, donde más le pagan.

Defienden a alcaldes y corruptas autoridades regionales y municipales, no por convicción sino por conveniencia, por exclusivo interés monetario. Hipotecan su conciencia y alquilan su conocimiento en leyes –y no en Derecho- a cual corrupto alcalde los contrate, y si es vía adjudicación directa o por ‘servicios personalísimos’, mejor aún, total, ellos mismos sabrán –como eficientes ‘doctores’- enlodar al pobre funcionario y salvar su pellejo de la manera más cobarde posible. Así el dinero obtenido, para estos ‘doctores’ con poses de divo, intenta suplir el gran vacío emocional que los atormenta. Traicionar a un amigo y acostarse con un enemigo, es común para ellos. Total, sólo cuenta el dinero, el billete que engrosa sus abultadas cuentas bancarias.

¿Y para qué tanto dinero? Muy simple: Para intentar demostrar físicamente, lo que emocionalmente no pueden obtener. Dicen tener ‘bufetes’ y ‘estudios de abogados’ que en realidad sólo son empresas familiares, unipersonales o amicales. Mandan a construir sus exuberantes edificaciones y majestuosas residencias con sótano, con capacidad para más de 5 autos, con piscina, enorme cocina y gran número de habitaciones, pagadas gracias al dinero público que ilegalmente recibieron de corruptos alcaldes e inmorales ‘clientes’. Para ciertos abogados, esto es sinónimo de poder. Se hacen llamar ‘catedráticos’ universitarios y enseñan leyes (pero no Derecho), en mediocres facultades de tiza y pizarra. Universidades que nunca investigan y que no generan conocimiento nuevo.

Intentan codearse con políticos y cambian de apetencia partidaria, según su conveniencia y dependiendo de la cantidad de monedas que les ofrecen. Ayer fueron pepecistas, luego fujimontesinistas y hoy dicen ser, ‘independientes’. Escriben y se vuelven ‘columnistas’ permanentes, de semanarios que viven gracias a los cobros que les hacen a los alcaldes por hacerles publirreportajes encubiertos, pagados con dinero público de sufridos contribuyentes. Para ‘reventarles cuetes’, para hablar bien de su ‘exitosa’ gestión municipal. Además, bien saben estos abogados, que estos periódicos son la fuente de sus potenciales clientes, la cantera de alcaldes de provincias que son sus futuros patrocinados. O enemigos por destruir, a quien el otro bando también los pueden contratar. Total, es lo mismo, estos abogados aplican la ley tanto para uno, como para el otro. No saben nada de Derecho, ética, valores o moral.

‘DOCTORES’ CORRUPTOS Y CORRUPTORES

De tanto convivir, defender y patrocinar a corruptos y corruptores, estos ‘doctores’ se mimetizan con el delito, con el delincuente, pero de cuello y corbata, cual pareja simbiótica. Adquieren posturas y un raciocinio lógico, digno de un travestismo jurídico, donde en su escasa y muy limitada mente sólo entienden, que todo el que lucha contra la corrupción es un extorsionador, un chantajista y donde todo aquel que denuncia a corruptos alcaldes, es porque les quiere sacar plata. Bajo estos alucinantes supuestos, todos los otros están mal y son corruptos extorsionadores y chantajistas, salvo estos ‘doctores’, sus defendidos y sus visionarios ‘ángeles’, que sólo ellos ven. Cuando pierden la cordura y su cuerpo se llena de gordura, su mente busca escapes, alivios pasajeros a tan insoportable culpa inconsciente. Muy pocos recurren a la psicoterapia, algunos a la religión y muchos, por desgracia, se refugian en alguna droga, alcoholismo o en alucinantes visiones de ‘ángeles’ y de seres que sólo ellos pueden observar, detectar y comprender. De esta forma, vuelven a repetir el círculo vicioso de considerarse ‘doctores’ y no abogados, muy superiores al resto de la sociedad. No hay que ser psicoterapeuta para darse cuenta, que dentro de la exuberante fauna política municipal, predominan sin lugar a dudas, como corruptos alcaldes, ‘reconocidos’ (así dicen sus familiares) abogados y médicos. Ambos comparten algo en común: Les gusta llamarse ‘doctores’, sin serlo, tienen una patológica personalidad narcisista muy semejante con la autoadoración. El primero, sabe como evadir la justicia sin que sus huesos algún día descansen en un penal; el segundo, conoce la muerte y está acostumbrado a ver tanta sangre, que para él, la vida es sólo una seducción y una fantasía. En definitiva, vale muy poco.

Fuente: apertura.com.pe

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